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El Dolor Crónico Infantil

20/12/2017

El término dolor, en sí mismo, alude a la sensación o percepción sensorial de malestar más o menos intenso que experimentamos en alguna parte del cuerpo y que se encuentra asociado con alguna alteración del sistema nervioso. Puede estar localizado en un punto o puntos concretos, o poseer un carácter más generalizado, pudiendo manifestarse de maneras muy diversas: hormigueos, pinchazos, picaduras, molestia…Y siendo en ocasiones, difícil de definir y determinar. Frecuentemente también se utiliza la distinción entre agudo o crónico. Normalmente el primero se asocia a una lesión específica o a una causa más o menos objetivable. Por el contrario, el segundo subtipo es utilizado para designar a aquellas sensaciones físicas dolorosas que persisten más allá del tiempo de curación estimado o esperado.
En población infantojuvenil se habla concretamente de dolor crónico cuando este persiste más allá de los tres meses. Habitualmente se manifiesta de manera continua y recurrente, y su abordaje y tratamiento resultan especialmente complicados. A esto se le une el desconocimiento e infravaloración social existente en relación a esta problemática, ya que se tiende a pensar que los niños experimentan menos dolor, y que este suele ser menos acentuado. Por el contrario, los datos epidemiológicos existentes indican que afecta a entre un 20 y 30% de esta población. Así, aunque esta sensación sea el resultado de un complejo sistema de protección del organismo que acostumbra a remitir, en ocasiones puede mantenerse a pesar de que el daño o la alteración que la causó se hayan resuelto, siendo los factores psicológicos y sociales claves para explicar su mantenimiento.
Este particular problema no sólo afecta al niño en un sentido físico, sino que repercute en todas y cada una de las áreas involucradas en su desarrollo. Así, afecta al estado de salud general, genera importantes restricciones en sus actividades habituales, alteraciones del sueño, malestar psicológico, menor rendimiento académico, deterioro del apoyo y del círculo social, y suele ser habitual el absentismo escolar. Junto a esto, si esta problemática convive con un trastorno psicológico específico (lo cual suele ser recurrente), los síntomas pueden verse agravados por la sintomatología. En este sentido, los trastornos de ansiedad y depresión son los más frecuentes, aunque por las conductas reflejadas, algunos síntomas pueden confundirse con un trastorno de conducta específico. Junto a esto, podemos cometer el error de considerarlo una llamada de atención o una excusa (forma de evitación) para no ir a la escuela o no involucrarse en actividades sociales.
Además de la clara afectación que tiene en la persona que lo sufre, existe una repercusión que va más allá de esta. En efecto, cuidar a un niño con dolor crónico también posee un impacto para la familia; los padres y los hermanos suelen informar de malestar psicológico y de sentimientos de carga, así como de limitaciones en el área social, siendo también un problema a nivel económico. A todo esto se le unen las limitaciones y escasez de recursos para hacer frente a esta situación, lo cual genera sentimientos de frustración y desesperanza en las personas que están a cargo del niño.
En esta línea, a pesar de la falta de consenso y evidencia en relación a los tratamientos que pueden ser útiles y eficaces, se han venido utilizando algunos que han demostrado cierta utilidad. Entre ellos se encuentran la Terapia Cognitivo-Conductual, la cual se ha utilizado para trabajar los pensamientos, conductas y emociones desadaptativas asociadas a la problemática, y para facilitar al paciente una mayor comprensión de esta (principalmente la interrelación entre dolor y malestar emocional). La Relajación y Meditación se han mostrado parcialmente útiles para aminorar las sensaciones asociadas al dolor. Y también el Biofeedback (técnica utilizada para facilitar el aprendizaje de ciertas funciones del cuerpo) ha reflejado resultados interesantes. Junto a esto, existe un claro consenso a favor de adoptar una mirada multidisciplinar, esto es, un trabajo en colaboración entre familiares, tutores y profesionales de la salud que promueva el bienestar y adaptación del niño a su entorno, favoreciendo así el desarrollo vital y la calidad de vida.
Finalmente pues, a pesar de ser necesarios más recursos e investigación al respecto, lo cual favorezca la creación de protocolos específicos para el dolor crónico, es importante no desviar la atención ni infravalorar los síntomas que reflejan los niños. A pesar de las complicaciones existentes, debemos atender (a poder ser prematuramente) las necesidades de estos, lo cual puede facilitar que la situación no se vea agravada.
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