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El Duelo: tipos y fases

13/04/2018

Podemos definir el duelo como el conjunto de respuestas físicas, emocionales y conductuales que aparecen tras una pérdida. Este abanico de elementos, surge en el individuo para restaurar su equilibrio o bienestar psicológico. De esta manera, también lo podríamos entender como un proceso de adaptación. Por lo que respecta a la pérdida en sí, aunque comúnmente se habla de las relacionadas con los seres queridos, también pueden concernir a elementos u objetos significativos para la persona. En este sentido, y a pesar de que existen situaciones universales en las que surge el duelo con una elevada probabilidad (p.ej., la muerte de una persona próxima), cada uno de nosotros podremos experimentarlo en diferentes situaciones y de diferente manera, en función del significado emocional que atribuyamos a los elementos de nuestro entorno.

¿QUÉ TIPOS DE DUELO EXISTEN?

Aunque una amplia variedad de clasificaciones para delimitar este concepto, es importante establecer una diferenciación comprensiva, principalmente en función del malestar o deterioro personal asociado. En base a este criterio, a nivel general podemos hablar de los siguientes:

Duelo “normal” o no complicado: Resulta crucial tener en cuenta este subtipo. Como la propia palabra indica, se trata de la reacción psicológica normal tras la pérdida de alguien o de algo con lo que manteníamos un vínculo emocional significativo. El hecho de sentirnos mal, estar tristes, nerviosos o con menos ganas de hacer cosas, no indican de por sí la presencia de una enfermedad o patología en concreto. Todos sufrimos ante una pérdida importante para nosotros, y el conjunto de reacciones o síntomas que aparecen posteriormente pueden formar parte de un proceso de adaptación normal. Como a continuación veremos, deberá tenerse en cuenta el grado o nivel de malestar que supone para la persona y las limitaciones que esto supone en su día a día.

Duelo patológico o complicado: Cuando existe un sufrimiento acusado a través de la intensificación de los síntomas como la ansiedad, el estrés o la depresión que llegan a repercutir de manera significativa en la vida de la persona, podemos estar delante de un duelo patológico. La persona puede experimentar sentimientos de desesperación y acudir a conductas desadaptativas para afrontar el malestar. Un criterio también utilizado es el temporal, según el cual un duelo puede considerarse normal si dura entre 6 meses y un año. Aun así, deberemos siempre considerar el grado de malestar y deterioro que produce. Dentro de este subtipo, se han propuesto otras categorías como el duelo retrasado (aparece después de un tiempo tras la pérdida), enmascarado (la persona niega que las reacciones tengan que ver con la pérdida) o el exagerado (intensificación acusada de los síntomas). Todos ellos reflejarían una complicación en el proceso. En algunas ocasiones, es posible que el problema derive en algún trastorno específico, como puede ser el Trastorno Depresivo Mayor o el Trastorno de Pánico, los cuales estarían reflejando un empeoramiento de la sintomatología mostrada.

¿CUÁLES SON LAS FASES DEL DUELO?  

A parte de los diferentes subtipos, existe un cierto acuerdo en cuanto a las fases que aparecen en este proceso:

Negación: En esta primera fase la persona puede intentar negar la pérdida ignorando la información al respecto o evitando pensar en ello. Así pues, evitará y negará las pruebas o evidencias que confirmen que ha sucedido.

Enfado: También llamada de ira o indiferencia. La persona, al empezar a “ser consciente” de lo sucedido, puede reflejar malestar por no poder evitar la pérdida. Esta fase se caracteriza además por la tendencia a buscar posibles explicaciones, causas e incluso culpables que ayuden a comprender lo que ha pasado.

Negociación: La persona busca recuperar el control, y por ello intenta negociar consigo mismo o el entorno a través de procurar entender los pros y los contras de lo sucedido. Básicamente buscamos una solución a la pérdida a pesar de ser conscientes de la imposibilidad de hacerlo. Son típicas las frases como “si hubiéramos acudido antes al médico…” o “si hubiera estado allí…”.

Dolor emocional o Depresión: Se experimentan sentimientos de tristeza y dolor con más o menos intensidad y recurrencia. En esta fase la reacción emocional se relaciona principalmente con una disminución del estado de ánimo.

Aceptación: Es la última fase del proceso, donde tras la resistencia empleada en las fases anteriores la persona asume que lo sucedido es inevitable. La visión sobre la situación cambia y la aceptación emocional suele ser más protagonista. A pesar de ello, esta fase no significa olvidar.

La presencia de estas fases no se da en todas las personas, y mucho menos con el orden expuesto. Además, aunque este proceso es el común, podemos saltar de una a otra o incluso situarnos al final o al principio del proceso en distintos momentos a lo largo del duelo. Estos “saltos” pueden tener que ver con el contexto que nos esté envolviendo en ese momento. De esta manera, si a este proceso le sumamos por ejemplo una situación estresante en el trabajo, podemos quedarnos anclados por más tiempo en alguna de sus fases, y mostrar un malestar más acentuado.

El duelo es un mecanismo o proceso que todos vivimos a lo largo de nuestras vidas. Afecta a todo tipo de población por lo que su abordaje desde los diferentes campos de la psicología resulta especialmente atractivo y relevante. Existen muchas alternativas a la hora de tratar este tema, las cuales han demostrado ser útiles para disminuir el malestar que genera.

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