¿A qué se deben las sensaciones en la ansiedad? | Gabinet Psicològic Mataró

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¿A qué se deben las sensaciones en la ansiedad?

25/05/2018

A lo largo de nuestra vida, es más que probable que hayamos oído hablar de esta emoción, y puede ser que en esas ocasiones la hayamos conocido o bien porque la ha sufrido alguna persona cercana, o porque hemos sido nosotros mismos los que la hemos vivido. Cuando lo hemos hecho, a pesar de tratarse de un componente más o menos subjetivo, es posible que la descripción que hayamos aportado para definirla se haya basado precisamente en una serie de sensaciones. Éstas, pueden ser más o menos intensas, progresivas o súbitas, focalizadas en una parte del cuerpo o en muchas, y ser frecuentes o esporádicas. Algunos ejemplos son los temblores, el hormigueo, la falta de aire, el mareo, las sensaciones de calor o sofoco, las náuseas o molestias abdominales, etc., entre otras. Todas ellas, aunque normalmente causan cierto malestar, poseen una funcionalidad concreta, siendo además, y como se verá, útiles para el organismo.

Así pues, cuando nuestro cerebro percibe un peligro, ya sea real o imaginario, automáticamente se pone en marcha lo que se denomina sistema de alarma. Es decir, se activa una parte de nuestro sistema nervioso que genera diversos cambios fisiológicos con los que el cuerpo se prepara para hacer frente al peligro. Algunos de estos cambios son los siguientes: En primer lugar, nuestro cuerpo libera adrenalina y noradrenalina, que son dos de las substancias químicas encargadas de activar nuestro organismo y las cuales pueden producir la sensación de nerviosismo e inquietud. Una de las primeras consecuencias de esto, es el aumento de la fuerza y frecuencia de los latidos del corazón. Por ello, nuestros músculos disponen de más sangre y se eliminan mejor las toxinas, lo cual nos permite atacar o huir con más facilidad. En este punto, puede aparecer también la hiperventilación, es decir, respirar más cantidad de aire y de forma más rápida. Esto favorece que haya más oxígeno en la sangre y que notemos ciertas sensaciones internas (esto puede comprobarlo ahora, o por ejemplo cuando hace ejercicio). De esta forma, la sangre se concentra en aquellas partes donde puede ser más necesaria en una situación de peligro, quedando menos cantidad en aquellas zonas menos importantes (por ejemplo en las manos, dando lugar a hormigueo o temblor). Además, las pupilas de nuestros ojos se dilatan, con lo que pasamos a estar más preparados para detectar cualquier estímulo que pueda ser peligroso. Este aspecto en particular puede provocar que percibamos las cosas de nuestro alrededor de manera extraña.

Todo ello se traduce en una reacción de miedo en la que confluyen, como hemos visto, diferentes aspectos traducidos en sensaciones muy variadas. Lo más importante aquí es, pero, que a pesar de la cantidad, intensidad y del malestar que puedan provocar, todas ellas serían útiles si nos encontráramos ante un peligro real. Si en vez de ello, de interpretarlo como un proceso “normal”, les atribuimos un grado de peligrosidad muy elevado, y sobretodo irreal, esto provocará que se active todavía más nuestro sistema de alarma, aumentando paralelamente tanto el miedo como las sensaciones que lo caracterizan.

Muchos de los problemas relacionados con la ansiedad guardan una estrecha relación con la explicación que acabamos de aportar (p.ej. el Trastorno de Pánico). En este sentido, la forma en que interpretamos la realidad externa juega un papel crucial a la hora de sentirnos de una determinada manera. Si nos focalizamos en nuestro cuerpo cuando este se encuentra activado, y empezamos elaborar hipótesis poco plausibles sobre lo que puede estar ocurriendo, esto fomentará que nuestro estado de ánimo decaiga, y que nuestro cuerpo lo exteriorice con un aumento de los síntomas. A pesar de ello, la clave aquí se encuentra en comprender que todo este proceso, por intenso que sea, tiene una funcionalidad concreta, y que por tanto, no es peligroso.

Conocer y comprender bien los mecanismos de problemas como la ansiedad es clave para afrontar muchas de las situaciones de nuestro día a día. En nuestro centro de psicología, situado en Mataró, podrás recibir toda la información que desees. No lo dudes y llámanos, te ayudaremos.