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Beneficios y utilidad del control de la activación

19/10/2018

La activación del organismo ante ciertas situaciones puede considerarse una respuesta normal y adaptativa, no solo del ser humano, sino de muchas otras especies. Ésta nos ayuda, o mejor dicho nos prepara para afrontar y/o evitar algunos de los acontecimientos en nuestra vida cotidiana: la activación o preocupación ante los exámenes, una entrevista de trabajo, o en una primera cita. Ante estas situaciones, la activación no solamente es normal, sino que puede ser incluso beneficiosa al permitirnos anticipar y prepararnos para los diferentes sucesos. A pesar de ello, y como a continuación veremos, este sistema defensivo o de preparación del cuerpo puede tener diversas consecuencias negativas.

Los principales cambios que se producen en nuestro cuerpo durante este proceso se caracterizan principalmente por un aumento de la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea, tensión muscular, aumento de la respiración, enlentecimiento de la digestión, disminución de la producción de saliva, vasoconstricción arterial,  y disminución de la circulación sanguínea cerebral, entre otros. Así, cuando estos se ponen en marcha ante estímulos nada o débilmente amenazantes, o cuando se mantienen activos durante un periodo excesivo de tiempo, es probable que se originen problemas de ansiedad y/o de estrés respectivamente. Es importante tener en cuenta que existen diferentes propuestas que procuran determinar por qué sucede con más facilidad en unas personas y no en otras, o ante qué tipo de situaciones o acontecimientos. En este sentido, parece haber un acuerdo significativo a la hora de afirmar que son tres los principales sistemas involucrados en esta respuesta; el emocional, el cognitivo y el conductual, los cuales se encuentran íntimamente relacionados. El primero de ellos hace referencia al conjunto de emociones o sentimientos que experimentamos ante las diferentes situaciones, el segundo informa sobre las interpretaciones o pensamientos relacionados con el acontecimiento en sí, y el tercero lo constituyen las respuestas comportamentales (luchar, escapar, soportar) que emitimos para afrontarlo. De todos ellos, parece que el que ha recibido más atención es el segundo, la parte cognitiva, aunque las intervenciones diseñadas al respecto acostumbran a englobar los tres componentes.

De esta forma, las técnicas de control de la activación suponen una de las estrategias más utilizadas (y probablemente las que más) en las distintas orientaciones terapéuticas. Su objetivo general recae en reducir la activación fisiológica facilitando la recuperación de la calma, el equilibrio mental y la sensación de paz interior. Para ello, existen diferentes procedimientos que, mediante técnicas o pautas distintas, procuran conseguir la meta explicitada. Entre ellas, a nivel general,  se encuentran la Relajación Muscular Progresiva, la cual busca potenciar el estado de relajación mediante ejercicios en los que debemos discriminar la tensión y relajación de diferentes partes del cuerpo; la Respiración Controlada o Diafragmática donde se establece una pauta de respiración lenta, progresiva y pausada; o el Entrenamiento autógeno, en el que se incita a la persona a representar mentalmente una serie de sensaciones (peso, calor…) en diferentes partes del cuerpo. Junto a éstas, existen otras como el Mindfulness y otras prácticas de meditación en las que se busca fortalecer la parte mental o más cognitiva, y que también han demostrado eficacia.

La relevancia de estas propuestas recae principalmente en el hecho de que parecen ser útiles para casi todos los problemas psicológicos, generando significativamente pocos efectos negativos. Así, aunque su principal utilidad se ha visto en problemas de ansiedad (principalmente fobias), depresión, trastornos psicosomáticos, control de impulsos o de la ira, o las adicciones, la investigación sobre otros problemas está obteniendo resultados prometedores. El control de la activación proporciona una base sobre la que construir y trabajar diferentes aspectos, y facilita la sensación de control y los sentimientos de autoeficacia en la persona que lo sufre.

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