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El apego y el trastorno de relación social deshinibida

31/10/2018

El apego constituye uno de los mecanismos sociales más importantes en la vida de los seres humanos. A grandes rasgos, lo podemos definir como el vínculo conductual, emocional y cognitivo que establecemos con nuestros seres queridos, y que se desarrolla durante la primera infancia, especialmente dentro de los primeros tres meses. En este periodo el niño adquiere e internaliza un modelo de relaciones afectivas, es decir, una representación del mundo social e interpersonal que podrá verse modificada a través de las experiencias relacionales que vaya teniendo a lo largo del ciclo vital. De esta manera, contribuye significativamente a desarrollar una imagen de sí mismo y de los demás que será clave para facilitar una adecuada adaptación al medio.

En ocasiones, este puede verse truncado o deteriorado por diferentes circunstancias; problemas conyugales, presencia de psicopatología en los padres, desestructuración familiar, cambios de vivienda constantes, entre otros. Todo ello repercute negativamente en la crianza de los hijos, los cuales en un futuro pueden desarrollar problemas diversos, como trastornos de ansiedad o depresión, problemas de autoestima, o trastornos por consumo de substancias. De entre ellos, sobresale uno el cual aparece estrechamente relacionado con un pobre desarrollo del apego y con el cuidado insuficiente recibido durante la infancia; hablamos del trastorno de relación social deshinibida. Este cuadro se caracteriza por un patrón de comportamiento en el que el niño se aproxima e interacciona de manera activa y frecuente con adultos extraños, con los que debería, en principio, mostrar más resistencia o incomodidad. Así, manifestará una reducción o ausencia de reticencia a la hora de aproximarse o interaccionar con adultos extraños, utilizando un comportamiento verbal y/o no verbal demasiado familiar. Junto a esto, también puede observarse que raramente recurre al cuidador adulto después de salidas arriesgadas, incluso en contextos inusuales. Y puede reflejar una clara disposición a irse con personas extrañas manifestando poca o ninguna molestia.

Como hemos indicado, este problema se vincula especialmente con el hecho de haber sufrido un patrón de cuidado insuficiente, y esto puede ponerse de manifiesto a través de diferentes mecanismos, como son: la negligencia o carencia social donde hay una continua falta de tener cubiertas las necesidades emocionales básicas, cambios frecuentes de cuidadores primarios que disminuyen la oportunidad de elaborar un apego estable, y una educación en contextos poco habituales que reduce la oportunidad de construir y establecer un apego selectivo. De esta forma, la inestabilidad y falta de estructuración persistente experimentada en sus relaciones principalmente con los padres, facilita que desarrollen este patrón de interacción social, en el que se puede observar una clara falta de selectividad a través de acercamientos indiscriminados hacia los demás.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que los signos de este trastorno a menudo persisten incluso después de que ya no existan signos de abandono. Este dato refleja la importancia de detectarlo e intervenir precozmente para prevenir el desarrollo de futuros problemas emocionales más graves, como el aquí expuesto.

Conocer las principales características de ciertas patologías puede ayudarnos a identificar diferentes situaciones problemáticas, además de permitirnos actuar rápidamente diseñando intervenciones adecuadas para cada caso particular. Si deseas obtener más información al respecto, contamos con un equipo de profesionales de la psicología y psiquiatría a tu servicio. Estamos situados en Mataró. Llámanos sin compromiso y te ayudaremos a resolver todas tus dudas.