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Asertividad y Autoestima

03/05/2019

Si intentamos pensarlo, puede resultarnos relativamente difícil recordar la última semana o incluso el último día donde no hayamos interaccionado. Incluso en aquellos momentos en los que quizás no nos apetecía, o en los que nos hemos esforzado por no hacerlo, es altamente probable que lo hayamos hecho (p.ej., a través de la conunicación no verbal), especialmente en aquellas situaciones en las que ha habido más gente involucrada. Conviene recordar pues, que los humanos somos seres sociables, y posiblemente la especie más social del mundo. Mediante las relaciones no solamente nos creamos una imagen del mundo que nos rodea, sino que conformamos una visión de nosotros mismos y de ésta en relación a los demás. Es por esto que las habilidades sociales, y especialmente la asertividad, resultan tan importantes, ya que no solo facilitan la creación y el mantenimiento de vínculos, sino que repercuten directamente en nuestro bienestar.

Imaginemos la siguiente situación: Se encuentra, en fin de semana, en un restaurante esperando a que le sirvan la carne, hecha al punto, que acaba de pedir. Al cabo de unos minutos, el camarero se acerca con su plato, se lo sirve, y al cortarla, se da cuenta de que está  cruda. ¿Qué haría ante esa situación? ¿Llamaría rápidamente al camarero? ¿Buscaría encontrar otras partes más hechas? ¿Podría comérsela sin pedir el cambio?. Para poder entender correctamente qué significa asertividad, inicialmente podemos diferenciar dos claras posturas, la pasiva por un lado, y la agresiva. En el primer caso, una persona que se comportara con pasividad, podría no decir nada, y comérsela tal cual se la han servido. En el otro extremo, situariamos, por ejemplo, a una persona  que grita o incluso menospreciar el trabajo del camarero o del restaurante. Como habremos podido intuir, ninguna de las dos parece la más adecuada tanto a corto como a largo plazo. Una persona que adopta en general, un funcionamiento pasivo, inicialmente puede tener la sensación de “ahorrarse” muchas discusiones y malentendidos, o incluso de evitar que los demás se alejen de ella o la juzguen negativamente, pero progresivamente es más que probable que su autoestima se vea mermada, ya que poco a poco se irá perdiendo la capacidad de comunicar malentendidos, e incluso puede tener la sensación de que los otros se aprovechan de ella. En el otro costado, tampoco conviene reaccionar siempre con exaltación o irritabilidad, ya que podemos provocar que la gente de nuestro alrededor se aleje, y que incluso su relación con nosotros se base principalmente en el miedo.

Así pues, la asertividad o conducta asertiva se situaría aproximadamente en un punto medio entre las dos conductas ejemplificadas. La podemos definir como la habilidad social que nos permite defender nuestros derechos ante los demás, de una manera empática, clara, directa y respetuosa, y sin menospreciar o vulnerar los derechos de los otros. En el ejemplo anterior, sería algo así como: “Disculpe, camarero, si no es mucha molestia, ¿podría pasarme un poco más la carne?”. Con ello, conseguimos ser congruentes con nuestras necesidades, expresándolas de tal forma que la información sea recibida por el receptor de una manera adecuada, y aumentado consecuentemente la probabilidad de obtener lo que deseamos. A pesar de esto, podríamos decir que la asertividad ideal no existe. Difícilmente encontraremos a alguien que actúe según estos parámetros todo el tiempo. Nuestras respuestas, y nuestra interacción, dependen de muchas variables; entre las que encontraríamos las situacionales (lugar, temperatura, momento del día…), y las personales, tanto propias como ajenas (rasgos de personalidad, carácter, situación personal…). Además de esto, existen componentes de la propia relación en sí que pueden marcar como transcurra la interacción, como por ejemplo el nivel de confianza que tengamos con el otro, la edad, el grado de conocimiento que tengamos sobre él/ella… Todo esto, puesto en interrelación, explica el modo (cómo) en que nos relacionaremos. Como podemos observar, existen muchos factores que son relativamente complicados de prever o controlar, pero aun así, es importante acercarnos a lo que entendemos como conducta asertiva.

Si lo conseguimos, y sobre todo, si lo mantenemos y lo generalizamos a diferentes ámbitos, podremos ver como tiene una clara repercusión en nuestro estado de ánimo. En este sentido, algunos problemas de ansiedad o de depresión pueden explicarse en menor o mayor parte por un déficit en esta habilidad social. Además, esta dificultad puede presentarse en muchos otros problemas, sean entidades clínicas como tales o no. En cualquier caso, resulta importante trabajarlo, haya o no malestar asociado. Así, como se ha remarcado, aunque la persona en un principio no perciba consecuencias negativas, estas pueden y suelen aparecer al poco tiempo.

El Entrenamiento en Habilidades Sociales, o la Regulación Emocional son considerados tratamientos útiles para abordar esta situación. Estos componentes, junto a otras estrategias, son abordados desde diferentes orientaciones terapéuticas, siendo la Terapia Cognitivo-Conductual una de las principales. Nuestro equipo de psicólogos, en Mataró, te proporcionará toda la información que necesites y te ayudará a resolver las dudas que tengas.